"De valer para todo un día a no alcanzar ni para una soda: lo que significaban 5 pesos en 1970 en México"
. — Existe una frase que se repite con frecuencia entre las generaciones mayores: “Antes con cinco pesos te arreglabas todo el día, hoy ni para un refresco te alcanza”, y lejos de ser una exageración, refleja una realidad económica que marca la historia de México y muestra el enorme contraste en el poder adquisitivo a lo largo de las décadas.
En 1970, el país vivía el modelo del Desarrollo Estabilizador, una etapa donde la economía crecía, la inflación era casi nula y el tipo de cambio se mantenía fijo en 12.50 pesos por dólar; no existía el uso masivo de tarjetas de crédito, ni el consumo desmedido, y la gente vivía con lo que tenía, un dinero que entonces sí rendía y cubría las necesidades básicas e incluso permitía pequeños lujos o ahorros.
Para entender su valor, basta mirar los ingresos de aquel entonces: el salario mínimo en la Ciudad de México rondaba los 32 pesos diarios, un jornalero ganaba entre 28 y 30 pesos, un maestro de primaria entre 70 y 100 pesos, y un oficinista afortunado llegaba hasta 120 pesos al día, por lo que cinco pesos representaban entre el 15% y el 20% del ingreso diario, una cantidad nada despreciable, con peso y propósito, que hoy equivale prácticamente a nada, ya que ni siquiera alcanza para pagar un pasaje de transporte público.
En el ámbito escolar, con esa suma un niño cubría casi todo lo necesario para el mes: un cuaderno costaba un peso, un lápiz 20 centavos, una goma 15 centavos y aún sobraba para el recreo; la inscripción a un club deportivo costaba entre tres y cuatro pesos al mes y las bibliotecas públicas eran totalmente gratuitas, por lo que ese dinero significaba la diferencia entre tener acceso al esparcimiento o quedarse sin opciones.
En el mercado, con cinco pesos se llenaba la bolsa de alimentos básicos: frutas y verduras frescas, medio kilo de carne y tortillas para toda la familia, productos naturales sin procesar ni marcas costosas que hacían que cada centavo rindiera al máximo.
El transporte también era muy accesible, con pasajes de camión entre 30 y 40 centavos y el metro a solo 20 centavos, por lo que con esa cantidad podías pagar hasta 25 viajes o mover a toda la familia durante un día entero sin complicaciones.
En el hogar, cubrir servicios y artículos de uso diario no era problema: jabón, pasta dental, cerillos, velas o detergente entraban fácilmente en el presupuesto, al igual que reparaciones básicas como parchar una llanta, cambiar un foco o arreglar una fuga; incluso los recibos de luz bimestrales oscilaban entre 20 y 35 pesos, por lo que con cinco pesos se cubría una parte importante del gasto, y llenar un tanque pequeño de gas costaba entre cinco y seis pesos, suficiente para cocinar para toda la familia durante varios días.
Lo más destacado es que también alcanzaba para ahorrar: era costumbre de las mamás guardar monedas en cajas de galletas o participar en las tandas del barrio, y al final del mes ese dinero acumulado servía para comprar algo especial, como un mantel nuevo, una blusa o un regalo, algo que hoy suena imposible con esa misma cantidad.
El entretenimiento también estaba al alcance de todos: la entrada al cine costaba un peso con 50 centavos y muchas veces incluía función doble, por lo que con cinco pesos un padre podía llevar a dos hijos y además comprarles algo para comer o beber; un disco de vinilo costaba entre cuatro y cinco pesos y una revista popular apenas uno, opciones que ofrecían diversión por semanas.
Incluso la ropa básica era accesible: unos calcetines de buena calidad costaban dos pesos y unas sandalias sencillas entre tres y cuatro, por lo que podías renovar algo necesario sin afectar el resto del presupuesto mensual.
Como recuerda don Ernesto, de 72 años y vecino de la colonia Roma: “Yo con cinco pesos me compraba mi torta, mi refresco y todavía me sobraba para el cine; mi mamá decía: ‘si tienes cinco pesos, tienes para todo el día’”.
Por eso, cuando los abuelos hablan de esa época no hablan de riqueza, sino de algo que hoy cuesta muchísimo: la tranquilidad de poder vivir dignamente con lo que se tenía, y contar con paz económica al menos por un día.
Entender esto no es solo hablar de cifras, es comprender cómo ha cambiado la vida en México y cuánto hemos perdido en poder adquisitivo a lo largo de los años.