Xalapa, Ver
. - En la actualidad hay dos palabras que parecen ser los antónimos perfectos: intolerancia y empatía; dos conceptos, conductas o actitudes que suelen presentarse diariamente en la cotidianeidad de la sociedad en general.
Todos los días tenemos la oportunidad de decidir por alguna de estas dos conductas, siempre vamos enfrentar alguna situación en la que tendremos que optar por ser intolerantes o empáticos, teniendo consecuencias diferentes y resultados completamente opuestos dependiendo de cuál fue nuestra elección.
No me lo tomen a mal, no estoy queriendo hacer juicios, ni poner etiquetas por sus reacciones, aunque mi formación profesional de abogado, constantemente me hace pensar, valorar y analizar muchas situaciones desde la perspectiva de ambas partes en cualquier situación.
Más bien, estoy tratando de llevarlos a una reflexión sobre nuestro comportamiento en el momento de decidir de qué manera vamos a tomar las cosas, por más simples que parezcan.
La persona intolerante, de mentalidad cerrada, sobre el tema que sea, toma sus decisiones basadas en sus propios conocimientos, experiencias y criterio, sin considerar por completo, el pensamiento, causas o razones de los demás, es decir, su opinión es la única válida sin reparar en las consecuencias que conllevará su forma de actuar, que generalmente le traerá más problemas de los que se imagina.
Convertirse en una persona intolerante, es casi igual a ponerse una armadura para salir al mundo cubierto con ella, con la seguridad de poder repeler cualquier embate y salir avante, pero al mismo tiempo, es como un mecanismo de defensa que se utiliza para no dejar que nadie nos haga cambiar de opinión, pero al final podríamos quedar atrapados en nuestros propios pensamientos, igual que una prisión de nuestra propia mente,
así como lo describe de manera metafórica el autor Robert Fisher, en su libro El Caballero de la Armadura Oxidada: “la mayoría de la gente está atrapada en su armadura… ponemos barrera para protegernos de quienes creemos que somos. Luego un día nos quedamos atrapados tras las barreras y ya no podemos salir…”.
Por otro lado, está el reverso de la moneda, actuar y responder de manera empática, siempre nos traerá resultados positivos, satisfactorios, muchas veces sorprendentes, extraordinarios e inimaginables.
No solamente en nosotros, también en las personas con quienes nos mostramos empáticos, generando un alto impacto, que muchas veces puede influir en las personas para tomar una decisión similar en una situación igual a la que ellas experimentaron.
Ponerse en el lugar de los demás, en los zapatos del otro como se dice coloquialmente, es igual a realizar un acto de servicio, de amor, de misericordia.
Aquí quiero hacer un poco de énfasis en los actos de servicio; es un tema que incluyo en mis cursos de “Atención al público y Actitud de Servicio”, dentro del capítulo llamado “Vivir para Servir”, donde comparto que los actos de servicio son los más significativos y gratificantes, que para ser el primero se debe ser el últimos y servidor de todos voluntariamente; es igual a experimentar al amor de una manera superior; cuando se piensa en las necesidades de otros, cuando se ayuda, se tiende la mano, se escucha, cuando se enseña a otros lo que hemos aprendido, se les impulsa a crecer, mostrándoles el camino.
La empatía nos puede ayudar a vivir como sociedad, en una atmósfera de paz, de tranquilidad, armonía, en contraparte de lo que vemos hoy a diario en los noticieros, donde la intolerancia a generado un grado de violencia entre las personas impensable; gente peleando por cualquier cosa, utilizando las redes sociales como un ring por defender sus pensamientos, doctrina, ideología política, incitando a los demás al conflicto, con la premisa, la idea de que si no estás conmigo, estás contra mí.
Yo te invito a que antes de enojarte, explotar en cólera ante una situación que no compartes del todo, te detengas a pensar por un instante, en cuales pueden ser las causas que dieron origen al pensamiento o comportamiento del otro, y que si puedes demostrar un poco de empatía, no lo dudes, hazlo, de esta manera estarás abonando a la paz y al concilio de nuestra sociedad.
No recuerdo quien dijo esta frase: en un futuro no lejano, el reto del hombre será convivir; y cuánta razón tenía.
Debemos ser empáticos, con actos de amor y de servicio. Decía la madre Teresa de Calcuta, que si todas las personas realizáramos una buena obra al día, causaríamos la revolución del amor en el mundo.
¡Dios te bendiga!
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